lunes, 4 de febrero de 2013

BILINGÜISMO: ¿NECESIDAD U OBLIGACIÓN?


BILINGÜISMO: ¿NECESIDAD U OBLIGACIÓN?


Es difícil recordar la primera vez que oí hablar del bilingüismo, de hecho, desde pequeño asociaba con mucha frecuencia el ‘ser bilingüe’ con hablar inglés para ir a Disney. No pasó mucho tiempo para darme cuenta que estaba equivocado. Siendo un pequeño de seis años ya me encontraba rodeado de familiares que tenían un dominio proficiente del idioma inglés, y poco a poco me fui nutriendo de esa ventaja que más tarde se convertiría en profesión. Hablar otra lengua, en este caso el inglés,  es en tiempos modernos considerado un requisito fundamental para el desenvolvimiento individual en muchísimas áreas. Desde el deporte, pasando por el campo científico, las artes, los medios de comunicación, ciencias sociales, áreas de la salud,  la música y muchísimos otros son  los espacios en los que se encontrará la presencia e influencia del idioma inglés como pieza esencial para el despliegue laboral. Sin embargo, el idioma no se remite sólo a un añadido al curriculum o a una obligación del oficio, más que eso, nos podemos llegar a trasladar a un punto en el que la necesidad se escapa a un contexto diario dentro de la sociedad, y no hablo necesariamente de viajar a un país o ciudad angloparlante y estar obligado a comunicarse con este idioma, sino estar en tu mismo país y tener que comunicarte con un coterráneo utilizando una lengua que ha sido adquirida.


Mi experiencia con ese bilingüismo necesario con ciudadanos de un mismo país se da de manera de espectador, así como el individuo está en presencia de un hecho extraordinario pero cotidiano para otros, así mismo me sentí yo al ver a mis amigos suizos usando el inglés para comunicarse entre ellos. Como sabrán, Suiza es un país multilingüe, en él se hablan de manera oficial cuatro lenguas: el francés, el suizo-alemán, el italiano y el romanche. Esta diversidad debido a la relación fronteriza con distintas naciones en el territorio europeo, siendo también un dato curioso este mismo hecho de que estando en una posición limítrofe con varios países, no esté adscrito a la zona europea, ni sea miembro de la misma, pero eso es algo ajeno a tratar de otra manera y en otra oportunidad. Los suizos son individuos pertenecientes a una sociedad muy respetable, con una cultura propia, y una organización y desarrollo que se escapan de las expectativas con las que un turista desea encontrarse en su estadía.


He llegado a un pueblo muy pequeño, rodeado de montaña, y con ese aire de coziness que se respira desde que bajas del tren que te ha traído por una ruta alpina y que posee una vista espectacular. Sabes bien que estás en territorio francófono  y que será de mucha ayuda darle uso a esa lengua tan sublime y rica descendiente del latín. Sin embargo, y a diferencia de Francia, los habitantes de Champéry están más dispuestos a hablarte en inglés si ven que tienes dificultades al buscar palabras o construir una frase mucho más elaborada en francés. La encargada del albergue te recibe con un inglés muy bien pronunciado y un acento diferente por su naturalidad en la pronunciación francesa. Pasado un día decidimos hablar en francés, por un lado para yo practicar, y por otro para buscar ese discurso natural en un habitante suizo. Al final del día, pasadas las seis de la tarde me encontraba en la sala común, cuando de repente empiezo a escuchar una lengua más áspera que en aeropuertos y películas ya había oído antes. Se trataba de quienes serían unos de mis grandes amigos suizos; dos hombres y dos mujeres que de manera muy jovial se acercaron a mí, siendo el único en el albergue, y que con un muy buen nivel de inglés entablamos una conversación muy amena a su llegada a los Alpes.

Lo curioso de la historia empieza cuando al día siguiente me entero de que en Basel (Basilea) la mayoría prefiere tomar el inglés como segunda lengua aprendida en las escuelas, en lugar del francés. Luego de haber disfrutado de una muy buena jornada invernal en las pistas de Portes du Soleil, regresamos al albergue a degustar de un buen queso suizo y cerveza. Para confirmar mi sospecha, la encargada del albergue se comunica con ellos en inglés, y todos, sin excepción hacen lo mismo. Cada uno de ellos ciudadanos suizos, pertenecientes a una misma sociedad, a una misma cultura, y ninguno ha usado algunas de esas lenguas oficiales para hablar entre ellos. Han tenido que recurrir al inglés como idioma universal para poder entenderse entre ellos. Para mí, ha sido un hecho increíble, considerando que la propia encargada del albergue, quién tenía conocimientos básicos del suizo-alemán, haya también optado por usar un idioma ajeno en una sociedad que tiene hasta cuatro distintos modos para elegir comunicarse. No cabe duda que de la importancia de ser bilingüe, en este caso, dentro de tu propio país.


Conocer otro idioma nunca será algo a lo que no le puedas dar buen uso. La importancia del lenguaje es algo que desafortunadamente no todos tienen presente en su consciencia, y aunque pertenezcan a una comunidad de habla, habrán casos en los que la riqueza de su lengua se verá diluida por nuevos usos y registros más informales. El bilingüismo no se plantea como una alternativa para poco a poco remplazar un idioma, por el contrario, con este fenómeno nos podemos dar la oportunidad de expresar una idea de dos maneras, de llegar a un punto en el que una lengua carece de recursos, o como en muchos casos, posee tantos que es difícil llegar a lo concreto debido a la diversidad del idioma. La comunicación es una habilidad a la que se debe apuntar buscando la perfección, y si se tienen las herramientas, ¿qué tan difícil podría ser? La lengua que poseemos es nuestra materia prima, nuestro oro en un espacio lleno de piedras preciosas y metales ricos en esencia. Pero debe quedar claro, el bilingüismo es una alternativa para hospedarse; aquellos bienaventurados que deseen ir más allá tendrán un buen anfitrión en castillo del trilingüismo, e incluso una mejor bienvenida en el palacio real del multilingüismo. Think big, mate. Les langues du monde sont une mer agreeable à nager.

Danny J. Pinto-Guerra

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