BILINGÜISMO:
¿NECESIDAD U OBLIGACIÓN?
Es difícil recordar la primera vez que oí hablar del
bilingüismo, de hecho, desde pequeño asociaba con mucha frecuencia el ‘ser
bilingüe’ con hablar inglés para ir a Disney. No pasó mucho tiempo para darme
cuenta que estaba equivocado. Siendo un pequeño de seis años ya me encontraba
rodeado de familiares que tenían un dominio proficiente del idioma inglés, y
poco a poco me fui nutriendo de esa ventaja que más tarde se convertiría en
profesión. Hablar otra lengua, en este caso el inglés, es en tiempos modernos considerado un
requisito fundamental para el desenvolvimiento individual en muchísimas áreas.
Desde el deporte, pasando por el campo científico, las artes, los medios de
comunicación, ciencias sociales, áreas de la salud, la música y muchísimos otros son los espacios en los que se encontrará la
presencia e influencia del idioma inglés como pieza esencial para el despliegue
laboral. Sin embargo, el idioma no se remite sólo a un añadido al curriculum o a una obligación del
oficio, más que eso, nos podemos llegar a trasladar a un punto en el que la
necesidad se escapa a un contexto diario dentro de la sociedad, y no hablo
necesariamente de viajar a un país o ciudad angloparlante y estar obligado a comunicarse
con este idioma, sino estar en tu mismo país y tener que comunicarte con un
coterráneo utilizando una lengua que ha sido adquirida.
Mi experiencia con ese bilingüismo necesario con
ciudadanos de un mismo país se da de manera de espectador, así como el
individuo está en presencia de un hecho extraordinario pero cotidiano para
otros, así mismo me sentí yo al ver a mis amigos suizos usando el inglés para
comunicarse entre ellos. Como sabrán, Suiza es un país multilingüe, en él se
hablan de manera oficial cuatro lenguas: el francés, el suizo-alemán, el
italiano y el romanche. Esta diversidad debido a la relación fronteriza con
distintas naciones en el territorio europeo, siendo también un dato curioso
este mismo hecho de que estando en una posición limítrofe con varios países, no
esté adscrito a la zona europea, ni sea miembro de la misma, pero eso es algo
ajeno a tratar de otra manera y en otra oportunidad. Los suizos son individuos
pertenecientes a una sociedad muy respetable, con una cultura propia, y una
organización y desarrollo que se escapan de las expectativas con las que un
turista desea encontrarse en su estadía.
He llegado a un pueblo muy pequeño, rodeado de montaña,
y con ese aire de coziness que se
respira desde que bajas del tren que te ha traído por una ruta alpina y que
posee una vista espectacular. Sabes bien que estás en territorio francófono y que será de mucha ayuda darle uso a esa
lengua tan sublime y rica descendiente del latín. Sin embargo, y a diferencia
de Francia, los habitantes de Champéry están más dispuestos a hablarte en
inglés si ven que tienes dificultades al buscar palabras o construir una frase
mucho más elaborada en francés. La encargada del albergue te recibe con un
inglés muy bien pronunciado y un acento diferente por su naturalidad en la
pronunciación francesa. Pasado un día decidimos hablar en francés, por un lado
para yo practicar, y por otro para buscar ese discurso natural en un habitante
suizo. Al final del día, pasadas las seis de la tarde me encontraba en la sala
común, cuando de repente empiezo a escuchar una lengua más áspera que en
aeropuertos y películas ya había oído antes. Se trataba de quienes serían unos
de mis grandes amigos suizos; dos hombres y dos mujeres que de manera muy
jovial se acercaron a mí, siendo el único en el albergue, y que con un muy buen
nivel de inglés entablamos una conversación muy amena a su llegada a los Alpes.
Lo curioso de la historia empieza cuando al día siguiente
me entero de que en Basel (Basilea) la mayoría prefiere tomar el inglés como
segunda lengua aprendida en las escuelas, en lugar del francés. Luego de haber
disfrutado de una muy buena jornada invernal en las pistas de Portes du Soleil, regresamos al albergue
a degustar de un buen queso suizo y cerveza. Para confirmar mi sospecha, la
encargada del albergue se comunica con ellos en inglés, y todos, sin excepción
hacen lo mismo. Cada uno de ellos ciudadanos suizos, pertenecientes a una misma
sociedad, a una misma cultura, y ninguno ha usado algunas de esas lenguas
oficiales para hablar entre ellos. Han tenido que recurrir al inglés como
idioma universal para poder entenderse entre ellos. Para mí, ha sido un hecho
increíble, considerando que la propia encargada del albergue, quién tenía
conocimientos básicos del suizo-alemán, haya también optado por usar un idioma
ajeno en una sociedad que tiene hasta cuatro distintos modos para elegir
comunicarse. No cabe duda que de la importancia de ser bilingüe, en este caso,
dentro de tu propio país.
Conocer otro idioma nunca será algo a lo que no le
puedas dar buen uso. La importancia del lenguaje es algo que desafortunadamente
no todos tienen presente en su consciencia, y aunque pertenezcan a una
comunidad de habla, habrán casos en los que la riqueza de su lengua se verá
diluida por nuevos usos y registros más informales. El bilingüismo no se
plantea como una alternativa para poco a poco remplazar un idioma, por el
contrario, con este fenómeno nos podemos dar la oportunidad de expresar una
idea de dos maneras, de llegar a un punto en el que una lengua carece de
recursos, o como en muchos casos, posee tantos que es difícil llegar a lo
concreto debido a la diversidad del idioma. La comunicación es una habilidad a
la que se debe apuntar buscando la perfección, y si se tienen las herramientas,
¿qué tan difícil podría ser? La lengua que poseemos es nuestra materia prima,
nuestro oro en un espacio lleno de piedras preciosas y metales ricos en esencia.
Pero debe quedar claro, el bilingüismo es una alternativa para hospedarse;
aquellos bienaventurados que deseen ir más allá tendrán un buen anfitrión en castillo
del trilingüismo, e incluso una mejor bienvenida en el palacio real del
multilingüismo. Think big, mate. Les langues du monde sont une mer agreeable
à nager.
Danny J. Pinto-Guerra
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