viernes, 22 de julio de 2016

Ser profesor

Mis estudiantes me llaman profesor, lo que ellos no saben es que cuando yo estoy en el aula a veces aprendo tanto o más que ellos.
La verdad es que dar clase suena muy simple para todo lo que ocurre en un salón.
Cuatro paredes, un profesor, estudiantes y libros pueden ser un lugar para una buena siesta, una buena conversación, un viaje, imaginar, debatir, inspirar y tal vez soñar.
Los límites no son el espacio donde se da la clase, los límites son la curiosidad y las preguntas que surgen en medio de dicho ambiente.
Entrar en un aula todos los días me recuerda que en medio de tanta maldad, aún hay gente buena. Los actos de bondad no resuenan tanto como los atroces, no por eso debemos tirar la toalla.
Seamos aquellas personas que creemos que ya no existen.